Campanita, historias de paisanos que suenan por los vagones

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OpiniónCampanita, historias de paisanos que suenan por los vagones

El campo es dueño del amor de hombres con temple, que encuentran en un fogón bajo un costillar asándose, una fuerza colosal que esta esperando despertar de su siesta para convocar a su encuentro.

El campo y su hechizo

Para esto se necesita que uno de los paisanos tome la iniciativa para encender las hojas de algarrobo junto a los primeros troncos y tan lejos vuelan estos aromas que llegan a la ciudad para invitar al segundo comensal, que viaja en busca de un horizonte preciso donde se funden los colores naranjas del atardecer sobre suelos tapizados de tonalidades verdes, una experiencia de pura vida que paga el viaje.

Copa de vino, en el campo argentino, Provincia de Buenos Aires

El tercer invitado ofrece su cumpleaños, el mismo día que la enseña patria, para que sea el motivo convocante de la reunión. Desde sus hombros se ve una dosis de adrenalina y emoción, en su relato se mezclan épocas, canciones, lugares y personas, todo con una fresca alegría como denominador común.

Por suerte para todos llega el asador, un hombre de manos sabias que sabe agasajar a la gente que habla su mismo idioma. Las brasas comienzan a sonar y el fuego comienza su hechizo, nos ilumina entre tanta sombra y su calor seca la penas del alma que dejaron el viento y el agua.

El último en llegar es un paisano a caballo, luego de una larga jornada que se hace visible en su rostro y en la mirada de su caballo, quien lo acompaña con gran estética y sabiduría con la que estos animales entregan su vida con nobleza. Un hombre privilegiado de hacer lo que le gusta, pese aún cuando la naturaleza muestra su mano más cruel y tiene que sumergirse en una soledad quieta de océanos de pasto.

Bajo el encanto de las brasas

Después de una horas, la carne esta lista junto a unos chorizos caseros y también unos choclos y batatas que el asador, con generosidad, permitió compartir la brasas.

El lugar para comer es un vagón de tren, un ambiente apacible de estilo criollo que ayuda a vivir el presente. Una vez con la costilla sobre la tabla, el vino hace que se manifieste la espiritualidad, pasan las charlas, anécdotas, fotos de mujeres que están en Italia y como buen pueblo donde todos se conocen, los nombres propios que caen a la mesa son agarrados más rápido de lo que corre una liebre.

Vagón en Campana, Provincia de Buenos Aires

Este vagón que supo ser de carga hoy es un rincón donde se amontonan recuerdos, por donde pasan gotas de felicidad, que al igual de la salamandra, hay que alimentarla para que no se escape el calor.

La noche le dio paso a la madrugada y uno de los paisanos, el más conocedor del tema, miró por la ventana entre vacas, cerdos y perros, vio que la luz mala estaba bastante lejos por lo que dispuso finalizar el encuentro, salió arriba de su querido vehículo el flecha de plata que corta el aire evitando el polvo y la tierra, sobre su estela todos salieron sin problemas.

Gastón Costello, noche, fogón y brasas

Atrás quedó el campo en la penumbra de la oscuridad, guardando el encuentro de unos paisanos que solo buscan establecer lazos de amistad, alrededor de un fogón tan especial que ilumina un mundo irreal.

Gastón Costello
Gastón Costello
Dos pasiones acompañan mi camino, el fútbol y el vino. Tanto como Periodista y Sommelier de vinos transito con las manos abiertas esperando las gotas de felicidad que ambas profesiones me brindan

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