Desde la cocina a la viña, ella combina técnicas gastronómicas, respeto por los productores locales y pasión por la autenticidad para crear vinos que cuentan la historia de los Valles Calchaquíes.
Lo que comenzó como un recorrido por la cocina y la sommelierie se transformó en una inmersión profunda en la viticultura del NOA. Entre Payogasta, Cafayate y Luracatao, María Emilia Giuliani encontró un hilo conductor: el alimento en todas sus formas. Sus vinos, elaborados con métodos naturales y un enfoque artesanal, buscan expresar la identidad de cada valle, su clima extremo y su patrimonio cultural.
Con Sol Naciente, su proyecto personal, demuestra que hacer vino también es un acto culinario y creativo, donde cada botella refleja la pasión, el riesgo y la visión de una mujer que sigue su intuición y rompe moldes en un mundo históricamente masculino. De esto y muchas otras cosas, charló con la publicación especializada JuAn Delicias Magazine.


Venís de la sommelierie, pasaste por la cocina y hoy estás metida de lleno en la viña y la enología. ¿Cómo se fue dando ese corrimiento?
Hay un hilo conductor: el alimento en sus diferentes formas. Arranqué en cocina desde una mirada holística y trasladé esa perspectiva al vino. Pasé por eventos, sommelier y pasantías en viñas de Payogasta. Fue pospandemia, con roles diversos, pero siempre vinculada a la producción y al cuidado del alimento. Hoy me considero una cocinera que hace vino, buscando que sean lo más naturales posible.
Sos nicoleña y te fuiste a Cafayate. ¿Qué fue lo primero que te conmovió del Valle Calchaquí?
La cercanía con los productores y el patrimonio vivo, la autenticidad de la comunidad, la manera en que cada persona sabe producir su alimento. Eso me impactó mucho.
Para quien no conoce el Norte vitivinícola, ¿cómo describirías Cafayate y zonas como Luracatao?
Son proyectos mayormente de pequeños productores, con desafíos logísticos y de calidad. Cada 30 km la geografía cambia y eso influye en el vino. La zona exige creatividad, convicción y paciencia para que el consumidor adopte los vinos.


Se habla mucho de altura, sol y amplitud térmica. ¿Cómo se traduce ese paisaje extremo en los vinos del Norte?
Se traduce según el enfoque del productor: potencia, intensidad, color y notas especiadas. En nuestro caso, con cosechas cuidadas, logramos vinos frescos, fáciles de beber y con identidad de la región.
Trabajaste en cocina, bodegas grandes y ahora un proyecto propio. ¿Qué enseñanzas combinás?
De las grandes estructuras aprendí estandarización y procesos. En proyectos pequeños como mi bistró o la viña artesanal, aplico esa disciplina pero manteniendo alma y flexibilidad, adaptándome a la variabilidad de la producción local.
Tu proyecto Sol Naciente se hace literalmente con las manos. ¿Qué buscás expresar con estos vinos?
Junto a mi socio, Norberto López. queremos comunicar la expresión del Valle de Luracatao, con sus variaciones climáticas y características únicas. Cada vino refleja el año y el lugar, guiando el proceso sin intervenciones químicas, buscando autenticidad y fidelidad al terroir.


Desde tu mirada de cocinera y sommelier, ¿cómo imaginás los vinos del Norte en la mesa?
No hay que limitarse a la intensidad de los tintos. Hay blancos, criollas y tintos que maridan desde pescados de río hasta asados o guisos. La clave es jugar con perfiles y expresiones diferentes.
Sos parte de una generación joven que elige el Norte. ¿Qué desafíos y oportunidades ves hoy?
El mundo del vino en Salta sigue siendo conservador y liderado por hombres, lo que dificulta el ingreso de ideas nuevas. La oportunidad está en abrir el juego a nuevas búsquedas, personas y estilos, y mejorar la representación femenina.
Si alguien quiere descubrir los vinos del Norte argentino, ¿qué le dirías que busque más allá de la etiqueta?
Divertirse explorando indicaciones geográficas y perfiles distintos: probar vinos de distintos valles, blancos, criollas y tintos, y descubrir cómo cambia el carácter de un mismo varietal según el lugar.
Entrevista gentileza de: JuAn Delicias Magazine





