Análisis de las cadenas agroindustriales extra pampeanas

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OpiniónAnálisis de las cadenas agroindustriales extra pampeanas

En el presente artículo se pretende caracterizar a las principales cadenas de valor que conforman el sector agroindustrial de la región extra pampeana del país, con el fin de obtener un diagnóstico sobre las problemáticas comunes a ellas y poder determinar medidas de política pública dirigidas a satisfacer las necesidades de los diferentes productores e industrias participantes.

El enfoque de este análisis, está centrado en aquellos elementos que impiden el desarrollo sustentable del sector, incluyendo en este concepto factores ambientales, políticos, económicos y sociales. Para ser más precisos, el desarrollo rural sustentable es el proceso de crecimiento económico que se ha logrado eficiencia productiva y equidad distributiva. En otras palabras, la meta solo será lograda cuando la distribución de resultados sea equitativa entre los sectores productivos y en el interior de ellos otorgando, por ejemplo, paridad de acceso a recursos básicos. Todo proceso de integración social u organizacional que no logre este requisito, devendrá en fracaso. 

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En lo que concierne a características y problemáticas propias de cada cadena, se hará énfasis en los aspectos en común, principalmente en la estructura de mercado. Uno de los elementos más importantes, está relacionado con la formación del precio en cada etapa de la cadena. En el país, la mayoría de las cadenas agroindustriales, más precisamente agroalimentarias, se encuentran en un mercado de competencia imperfecta, donde fuerzas de oferta y demanda no están equilibradas y se genera un escenario en el que el poder de compra está concentrado en unas pocas empresas (oligopsonio) y la oferta se encuentra atomizada en manos de miles de productores. 

En este caso, para formalizar una propuesta de desarrollo sustentable, la misma  debe basarse en un diagnóstico realista y orientado a la detección y resolución de problemas ya sean coyunturales o estructurales, analizando la evolución histórica de la cadena y remarcando los hitos que implicaron impactos significativos (positivos o negativos) en términos de producción, rentabilidad, competitividad y negociación de precios, como así también, sus efectos en la distribución y equidad. Además, debe incluirse el plano macroeconómico y el clima usual de negocios, factores que deben apoyar a generar condiciones propicias para mejorar el ingreso neto del productor, rentabilidad de empresas y competitividad internacional del sector en su conjunto. 

En el plano de la agroindustria nacional, el contexto actual de mercado deriva en que pequeños y medianos productores cuenten con escasos recursos productivos y que los que no han alcanzado un adecuado nivel de inserción en la cadena de valor, queden parcial o totalmente excluidos del circuito comercial. Dado este escenario, se requiere un Estado capaz de diseñar e implementar políticas públicas adecuadas a las necesidades, contando con instituciones ágiles, transparentes y eficientes. En el caso de la vitivinicultura, se debe dar mayor poder al productor, y fortalecer su capacidad de negociación al momento de definir el precio y condiciones de pago de su producto.

Las políticas públicas a implementar pueden ser generales o específicas. Las primeras buscan llegar al conjunto de productores, por ejemplo, la política tecnológica o extensión rural. Las específicas, en cambio, están dirigidas a satisfacer inquietudes puntuales de cada productor, por ejemplo, fomento para la formación de redes entre pequeños y medianos productores, créditos para cosecha y acarreo, financiamiento para reconversión de viñedos según su uso comercial, aumento de densidad de plantación por hectárea, instalación de sistemas de lucha activa contra heladas, etc.

Grapes harvest. Farmers hands with freshly harvested black grapes.

Trabajo en comisiones del grupo de vitivinicultura:

A los fines de organizar el trabajo del grupo, se han conformado comisiones específicas de trabajo en torno a tres grandes áreas de incumbencia: 

  1. Macro-entorno: Se refiere a las limitaciones propias del ámbito global o internacional. Incluye cambio climático, desigualdades en materia de acuerdos de libre comercio entre la vitivinicultura argentina y la de sus competidores, restricciones del MERCOSUR a las negociaciones bilaterales, política macroeconómica nacional, etc.
  2. Meso-entorno: Son las restricciones estructurales propias del sector vitivinícola. Incluye baja productividad de viñedos, comercialización de la uva en mercado imperfecto, asimetrías en negociaciones entre oferta y demanda, escasa investigación y desarrollo, falta de transparencia en proceso de formación del precio de la uva, etc. 
  3. Micro-entorno: Relacionado con los factores intrínsecos de la empresa o unidad de producción. Incluye problemas de pérdida de rentabilidad del productor, baja eficiencia productiva y comercial a lo largo de la cadena de valor, deficiente estado sanitario del viñedo, falta de planificación de la composición de varietal del viñedo, baja eficiencia energética, alto costo de bombeo y de aplicación de agua de riego, etc.

Problemas más acuciantes de la vitivinicultura actual, ordenados según las tres categorías antes mencionadas:

  • La política macroeconómica nacional no atiende las necesidades de las economías regionales, no existe una política comercial que priorice los tratados de libre comercio con países emergentes, potenciales consumidores de vinos.
  • Decreciente competitividad del sector debido a largos periodos de devaluación e  inflación. La retención a las exportaciones, la fuerte presión impositiva, incrementos de tarifas eléctricas y costo del combustible y, tasas de interés incompatibles con la rentabilidad del sector, provoca una asfixia económico-financiera que incide en los costos operativos de las empresas y desincentiva la inversión en el sector.
  • Ausencia de definiciones del Estado en el corto, mediano y largo plazo orientados a ajustar el PEVI 2020, el cual está alejado de cumplir con las principales metas fijadas para el próximo año, y conformar la plataforma del próximo Plan Estratégico que impulse medidas estructurales y redefina el rol del Estado para su implementación.
  • La Ley de Vinos debe ser revisada a fin de que se permita elaborar y comercializar vinos con menor graduación alcohólica sin incurrir en infracciones. También es preciso ajustar los perfiles técnicos para adecuar los productos a los gustos del consumidor.
  • Vinos básicos originados en viñedos improductivos, implantados con genética inadecuada y de baja calidad enológica no son competitivos ni en precio ni en calidad. Prácticamente se imposibilita su exitosa exportación en la franja de U$S10 en góndola.
  • Vinos de entrada de gama deben seguir estilos clásicos de elaboración y ser producidos bajo esquemas y protocolos industriales que permitan optimizar costos.
  • Vinos de media y alta gama de nuestra variedad insignia Malbec, originados en viñedos de zonas de muy buena aptitud enológica pero mal diseñados y de baja productividad, no son rentables para el productor y difícilmente podrán competir con  Cabernet Sauvignon de California y Chile, Syrah de Australia o Tempranillo de España
  • La creciente concentración en la industria y la pérdida de confianza ha instalado el antagonismo viñatero- bodeguero. Esta realidad se ve exacerbada en años como este; de la falta de proyección del uso del suelo agrícola orientado al uso comercial, el anuncio de una producción muy superior a la del año pasado y, la acumulación de importantes volúmenes de stock, resultó una fuerte caída en la demanda de uva. En efecto, una buena cosecha siempre agudizará el desequilibrio estructural entre oferta y demanda afectando la volatilidad de los precios de la uva y del vino de traslado.
  • El enoturismo representa una sub-cadena que ha mostrado ser una creciente fuente de empleo y de generación de ingresos para el sector. Además de difundir la identidad, diversidad de vinos y valor social detrás de esta noble actividad. 

Principales supuestos bajo los cuales se esta trabajando por comisión: 

  • La rentabilidad del productor y de la industria, la eficiencia productiva y la equidad distributiva son los pilares básicos para la construcción de una vitivinicultura sustentable ya que el libre juego de los mercados no siempre asegura una asignación óptima de los recursos productivos desde el punto de vista social.
  • La tecnología e innovación son esenciales para el crecimiento sostenido de la vitivinicultura nacional, se espera que la inversión en éstas y en capital humano generen altas tasas de retorno para la totalidad de la cadena de valor vitivinícola.
  • Es genuino pensar que la investigación esté orientada a objetivos económicos viables, sea financiada con fondos públicos y  se asegure reconocimiento de propiedad intelectual permitiendo la apropiación de resultados de la investigación privada.

En síntesis, el énfasis del Estado al definir políticas públicas y medidas estructurales y coyunturales para garantizar la sustentabilidad de la vitivinicultura nacional, debe enfocarse en lograr una mejora sustantiva del poder de negociación del productor para lograr condiciones de comercialización lo más próximas a las que se dan en el tipo de gobernanza de mercado que, bien se sabe no son las que exhibe el sector vitivinícola.

Aldo Luis Biondolillo
Aldo Luis Biondolillohttp://tempusalba.com/
Dr. en Economía y Ciencias Agrarias - Profesor Invitado FCE/UNCuyo - Empresario Vitivinícola - Fundador y Director General en Bodega Tempus Alba

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